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La importancia de la actitud

Una buena actitud es fundamental para triunfar en la entrevista de trabajo. De tu actitud dependerá en buena medida el éxito o el fracaso de tus aspiraciones. Sin embargo, al contrario de lo que muchas veces se cree, una actitud serena y sumisa no es siempre la más adecuada. Debes aprender a distinguir lo que busca el entrevistador y responder a sus expectativas.

Por norma general, la actitud del entrevistador durante la entrevista puede ser: agresiva, cordial, amena, inconexa o silenciosa. En cada caso, debes aprender cómo responder, como actuar. Aquí te dejamos algunos consejos:

  • Agresiva: en ocasiones el entrevistador trata de desestabilizar al candidato, presionándole y haciéndole tambalear psicológicamente a través de la intimidación con preguntas o el uso de las contradicciones hasta encontrar sus puntos débiles y su reacción a situaciones de presión.  La intimidación es la clave. La mejor respuesta en este caso es el autocontrol, la seguridad y la confianza. No permitas que te intimiden.
  • Cordial: otras veces, el encargado de selección se presenta muy abierto, invitando al candidato a expresarse con la mayor libertad posible sobre todos los temas o tópicos que desee. De esta forma, al entregar el control al entrevistado, el entrevistados logra que el candidato les lleve  a sus puntos de interés, dejándole entregar tanta información como desee, y consiguiendo así que hable más de la cuenta y se recabará a continuación la información relevante.
    El mejor consejo en estos casos es medir nuestras palabras, ateniendonos al discurso general que hemos preparado antes de entrar a entrevista. Sigue los puntos concernientes a tu trabajo y aporta la información personal realmente importante para el trabajo.
  • Amena: en ocasiones la actitud del entrevistador va más allá de la simple cordialidad, introduciendo deliberadamente una empatía que lleva la conversación por toda clase de temática, invitando al candidato a expandirse tanto cuanto desee. El entrevistador lleva el guión pero le ofrece al candidato  el protagonismo y le regala complicidad. Esta invitación a explayarse son ningún control deja muchas mas puertas abiertas a que el entrevistado entregue mas información de interés, dejando entrever no sólo sus patrones psicológicos sino las áreas que presentarán conflictos y los puntos más desfavorables de su historial laboral.
    El consejo es, como en el caso anterior, ceñirse a la ruta de temas fijada.
  • Inconexa: otras veces, el encargado de seleccionar a los candidatos hará preguntas sobre temas muy diversos, paseándose sobre un amplio abanico de tópicos. Esta actitud trata de desorientar al entrevistado, de manera que entre saltos inconexos pierda la relación lógica entre dos puntos de un mismo tema, forzando que se equivoque o contradiga en los puntos que merecen dudas.
    Lo mejor que puedes hacer en estos casos es llevar mentalmente una pauta de lo que se conversa e intentar reconducir la conversación hacia el aspecto profesional, con suficiente cuidado de no aparentar que huyes de hablar de algún punto o que eres descortés.
  • Silenciosa: por último, hay ocasiones en las que el tono de la entrevista se reduce a formular preguntas directas y callar apenas se pronuncian, dejando abierto ese vacío para que lo llene el candidato. Así se demuestra la capacidad del entrevistado para rellenar los espacios abiertos tras las preguntas con información adecuada. Nuestro consejo, intenta responder lo más concreto posible, con aplomo y seguridad, valiéndote de tu pauta original de temas. Intentan resumir lo dicho o especificar lo que se te pregunte puntualmente.

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